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La Prensa (LXIV)

 

Primero de MAYO

 

PRIMERO DE MAYO

“No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas;

 no la de pensar, sino dad pensamiento.”

                                           MIGUEL DE UNAMUNO

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El Alba de los Libros (XXIX)

ANTOLOGÍA POÉTICA

 

Traducción de Rodica Elena LUPU

 

Antología poética “Non Multa Sed Multum” (No muchas cosas, sino mucho) publicada por la Editorial Anamarol, en Bucarest, Rumanía 2016.   La edición y compilación de los poemas estuvo a cargo de la escritora rumana, Rodica Elena Lupu.

 

 

Portada-Antología-Non-Multa-Sed-Multum-2016

Escritores antologados son Dilercy Adler (Brasil), Jun Carrizo (Argentina), Javier Claure Covarrubias (Bolivia), Flaminia Cruciani (Italia), Remedios Álvarez Díaz (España), Germain Droogenbroodt (Bélgica), Raluca Faraón (Rumanía), Laura Garavaglia (Italia), José Martínez Giménez (España), Wil Heeffer (Holanda), Ligia Gabriela Janik (Alemania), Rodica Elena Lupu (Rumanía), José Luis Labad Martínez (España), Gianpaolo B. Mastropasqua (Italia), Isabela Bianca Neagu (Romania), Dolan Mor (Cuba), Julio Pavanetti (Uruguay-España), Joaquín Juan Penalva (España), Antonio Porpetta (España), Nieves Viesca (España), Annabel Villar (Uruguay-España), María Juliana Villafañe (Puerto Rico), Cezar Catalin Viziniuck (España-Rumanía) y Peter Voelker (Alemania).

libro.  libro

 

EDICIÓN 2016                           EDITORIAL ANAMAROL

 

 

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Ecos de Poesía (LXXXV)

Día del LIBRO

(Biblioteca Pérez de Ayala “El Fontán”)

 

2016-04-22 19.12.03

La Asociación de Escritores de Asturias (AEA) se unió ayer viernes día 22, a la celebración del Día del Libro con un recital poético musical que tuvo lugar, a las siete de la tarde de la Biblioteca de El Fontán de Oviedo. Bajo el título “Umbral de sentimientos”, participaron en este acto poetas y escritores pertenecientes a la AEA y la violinista Bárbara González-Quevedo.

 

2016-04-22 19.49.56

Nieves Viesca

Diario “LA NUEVA ESPAÑA”

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Ecos de Poesía (LXXXIV)

Día del LIBRO en Oviedo

 

 

Carttel Día del Libro 16V

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El Alba de los Libros (XXVIII)

 

Nueva edición especial de

 

“DIECINUEVE O VEINTE LÍNEAS”

 

NIEVES VIESCA

Disponible para descargar a través de iBooks Store

para iPod, iPad y iPhone

 

PRÓLOGO

 

Tenemos entre nuestras manos un puñado de relatos originales producto, juntamente, de la fantasía y de la experiencia lectora; retazos de vida que se proyectan como dardos en la mente y en el corazón. Son cuentos que hunden sus raíces en la oralidad y desde su expresión originaria canónica -planteamiento, nudo, desenlace-, por inquieta búsqueda del valor de la palabra, se desprenden, aquí, hacia formas innovadoras. 

 Así, en estas páginas, la prosa tensa de Nieves Viesca, transitando por caminos oníricos, se adentra…

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La Prensa (LXIII)

 

‘Palabra y Vida’ en

 

María Moliner trabajando en su casa

 MARÍA MOLINER

 

 

Desde la soledad de su cuarto de estar, María Moliner (Paniza, 1900 – Madrid, 1981) creó el diccionario que muchos estudiantes, profesores e intelectuales consideran el mejor de nuestro idioma: Diccionario de uso del español.  

A la bibliotecaria que imaginaba las palabras le hicieron falta quince largos años frente a su máquina de escribir, su lápiz y su goma de borrar. Aun así y con estos méritos como filóloga y archivera fue rechazada por la Real Academia Española evitando que fuera la primera mujer con sillón propio.

 

DICCIONARIOS

Por suerte, en nuestros días, ya nadie duda de aquél talento, tesón y dominio del léxico en María Moliner. Tal es así que en el año 2012 el Teatro de la Abadía reivindicó su recuerdo y figura con la obra teatral El diccionario, y hasta el 21 de abril para que continúe entre nosotros el recuerdo de su nombre como símbolo de vida en la palabra, el Teatro de la Zarzuela de Madrid estrena una ópera en su honor, María Moliner compuesta por Sofía Vilanova y protagonizada por María José Montiel.

Desde este Blog esperamos y deseamos que llegue este estreno, entre otros, al Teatro Campoamor de Oviedo.

 

 

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LecturAma (XVII)

 

‘Suave es la noche’

 

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Francis Scott Fitzgerald

 

Publicada en abril de 1934, el título ‘Suave es la noche’ está inspirado en un verso de John Keats ‘Oda a un ruiseñor’.

Esta novela de Francis Scott Fitzgerald, uno de los grandes escritores norteamericanos del siglo XX (septiembre, 1896 – diciembre 1940) no tendría el éxito de El gran Gatsby, sin embargo es una muy interesante lectura por cuanto que desvela las circunstancias personales que fueron hundiendo a su autor durante los ocho difíciles años que tardó en escribirla. ZeldaComo si de uno de sus intrincados personajes se tratara, Fitzgerald sufrió dificultades económicas, alcoholismo y por encima de todo la esquizofrenia de su mujer Zelda.  

 

 

 

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tierrAbierta (XI)

 

‘Humanimals’

 

HUMANIMALS.

de Jon Landa

 

En la Galería de Arte de Viki Blanco de Gijón (Asturias) y hasta el día 26 de abril, se mantendrá la muestra de una serie de retratos de personas y animales en la que su creador, Jon Landa (Vitoria, 1969) buscando con pinceles su vinculación personal, ha logrado que la expresividad del rostro de cada uno de los retratados se torne más humana a cuanto más la observe el atento visitante, una de las muchas singulares y múltiples razones por las que no decepcionará al público la Galería gijonesa.

HUMANIMALS,

El particular estilo de Jon Landa se basa, amén del tratamiento de la luz y de la vibración del color apoyado en la plasticidad del óleo, en aunar a personas y animales desde la óptica novedosa de una igualitaria humanización.

Jon Landa es Licenciado en Bellas Artes y ha participado en numerosas exposiciones y ferias alrededor del mundo. Actualmente su obra se haya expuesta en el Get Art Museum de Taipei.

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GALERÍA VIKI BLANCO
JON LANDA

 

 

 

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La Prensa (LXII)

 

FUNDACIÓN JOSÉ CARDÍN

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La Prensa (LXI)

Discurso de Svetlana Aleksijevitj

 

en la Academia Sueca 

 

 

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ÚLTIMO PREMIO NOBEL

 

DE LITERATURA

 

 

Por Javier Claure C.

 

La ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015, la escritora y periodista bielorusa Svetlana Aleksijevitj, dio su discurso el lunes 7 de diciembre del año pasado a las 17:30 (hora sueca). Era una tarde fría y oscura típica del invierno estocolmense, soplaba el viento algo fuerte. Y entre las callejuelas de la ciudad vieja alrededor del majestuoso edificio de la Bolsa, donde se encuentra la Academia Sueca, se percibía un ambiente navideño.

Llegué al local media hora antes para coger un buen puesto. A unos 30 metros del recinto había dos vehículos policiales. Me acerqué a la puerta de entrada, me identifiqué y subí las gradas hacia la guardarropía. Me saqué la chaqueta e inmediatamente me advirtieron que no podía entrar con el pequeño maletín de cuero que llevaba. Ya van muchísimos años que asisto a este solemne acto, y nunca ocurrió algo parecido anteriormente. En fin, saqué el contenido del maletín: mi cámara fotográfica, un cuaderno y un bolígrafo. Y me marché al famoso salón, en donde un nutrido público esperaba a la galardonada con el Premio. Me instalé en un lugar relativamente cerca de la tarima, ahí sentado conversaba con un amigo. De pronto entraron los miembros de la Academia Sueca, se sentaron en sus respectivas sillas y un silencio absoluto se apoderó del salón. Sara Danius, la flamante secretaria de la Academia, se dirigió hacia la tarima, y desde allí dijo: “Señoras y señores, bienvenidos a la Academia Sueca. Hace exactamente dos meses, en este salón, se reunieron muchos periodistas para saber quién iba a ganar el Premio Nobel de Literatura. Ese día cuando mencioné la palabra Bielorusia, muchos aplaudieron y exclamaron de felicidad. Deseaban saber más sobre Svetlana Aleksijevitj, y me preguntaban muchas cosas. Al cabo de casi tres horas, cuando terminó el acto, me di cuenta que esas preguntas involucraban, de alguna manera, al hombre rojo y a las subidas y caídas del hombre soviético. El imperio del hombre rojo se ha terminado. El gran experimento, que duró siete décadas, se fue al tacho. Y el hombre rojo se ha sustituido, gradualmente, con otro hombre que aún no sabemos como se llama. Aleksijevitj ha conversado con muchas personas para escuchar sus historias. Se trata de gente que no hubiera existido en la historia, si Aleksijevitj no hubiera escrito sobre ellos, sobre esas mujeres que lucharon en la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué sabíamos de ellas?”. Y así continuó Danius durante unos 20 minutos. En realidad, me sorprendió un poco esa larga introducción, ya que los anteriores secretarios no hablaban más de 10 minutos.

Cuando Aleksijevitj tomó posición en el lugar indicado, empezó su discurso en ruso diciendo: “No estoy sola en esta tarima. A mi alrededor hay voces, cientos de voces que siempre están conmigo desde mi niñez. Yo vivía en una aldea y, a nosotros los niños, nos gustaba jugar, pero en las tardes nos jalaban como con un imán hacia los sillones donde estaban sentadas las viejas cansadas, y se reunían cerca de sus casas o cabañas. Ninguna de ellas tenía marido, padre o hermanos. No habían hombres en la aldea después de la guerra, me acuerdo bien”.
El público trataba de seguirla leyendo el folleto que habían repartido al principio, pero me di cuenta que mucha gente eligió escuchar las palabras que salían de su boca. El discurso de Aleksijevitj estaba compuesto de diferentes partes: voces que narran historias, las experiencias y entrevistas que hizo entre los años 1980-1985 y 1989-1997.

La primera voz que se manifiesta es un soldado que, en plena guerra, pide la mano a una mujer que también luchaba en la guerra y que, en cierto modo, se había olvidado de ser mujer. Cuando conversa con su admirador le dice: “… primero tienes que hacerme mujer, regalarme flores, decirme palabras cariñosas y cuando toques las fibras de mi ser, haré coser un vestido de novia”.

La segunda voz se trata de Chernóbil. Una mujer cuenta: “vivíamos cerca del reactor nuclear en Chernóbil, allí trabajaba como panadera. Mi esposo era bombero, y recién nos habíamos casado. Acostumbrábamos a pasear de la mano. Justo ese día que explotó el reactor, mi esposo estaba trabajando de turno en la estación de bomberos. Y cuando tocó la alarma, partieron allí los que estaban de turno. Se fueron en camisas y con ropa normal y corriente. Toda la noche trabajaron tratando de apagar el incendio. Y con esas dosis de radiactividad a la que fueron expuestos, no se puede sobrevivir. Al día siguiente por la mañana los enviaron, en avión, a Moscú. Yo viajé para visitarlo, y cuando estaba en el hospital me dijeron que se encontraba en una caja especial. Me preguntaron ¿Qué vas hacer allí? Lo amo, les dije. Ya no es una persona a la que se puede amar, me contestaron”.

La tercera voz describe a un niño que mató a un alemán cuando tenía 10 años: “… aquel alemán estaba echado en el suelo herido. Me habían dicho que le quite la pistola. Entonces corrí hacia él, pero el alemán cogió la pistola con las dos manos y apuntó contra mi rostro. Pero no fue él, que alcanzó primero, fui yo. No me asusté de heberlo matado”.

La escritora bielorrusa habló de una manera contundente, y creo que ante sus palabras todos quedan consternados. Cuando por ejemplo dice: “´… he vivido en un país, en donde desde que éramos pequeños nos enseñaron a matar. Nos decían, el hombre existe para arder y para sacrificarse. Crecimos entre verdugos y víctimas. Nuestros padres vivían con temor, por eso no nos contaban todo. Hace 20 años despedimos al imperio rojo con maldiciones y lágrimas. Hoy tenemos una nueva generación que tiene otra visión del mundo, pero muchos jóvenes leen nuevamente a Marx y a Lenin. No existe el imperio rojo, pero el hombre rojo aún está presente. Hay muchos idealistas y románticos. Hoy en día, a esos, se los llama: románticos de la esclavitud o esclavos de la utopía. La gente quiso establecer el reino de los cielos en la Tierra, el paraíso terrenal. Y al final sólo quedó un mar de sangre y millones de vidas destrozadas por nada”.

Sin lugar a dudas que la autora de “La guerra no tiene nombre de mujer”, ha sabido escuchar historias que le han perseguido durante 40 años. De ese modo se convirtió en la voz de los sin voces. Son precisamente esas voces clamorosas las que le sirvieron para incursionar en una literatura de no ficción, creando así un nuevo género literario. El sufrimiento, el desamor, la muerte, la lucha de los soldados y de las mujeres rusas en la Segunda Guerra Mundial, la explosión nuclear en Chernóbil, la guerra de Afganistán y las vivencias en el comunismo soviético son temáticas de mucha importancia en su obra. Svetlana Aleksijevitj es una mujer de mucho coraje, porque escribe y habla sobre acontecimientos que muchos desearían enterrarlos bajo mil metros. Después de haber conocido que el Premio Nobel de Literatura recayó en su persona, la entrevistaron en Minsk, capital de Bielorusia, en donde dijo: “… respeto el mundo ruso de la literatura y la ciencia, pero no el mundo ruso de Stalin y de Putin”. Palabras de mucha valentía, tomando en cuenta el destino que sufrió la periodista rusa Anna Politkóvskaya. Como buena conocedora de la verdad, es una voz crítica ante los sistemas totalitarios. Quizá por eso fue acosada por el régimen del presidente bielorruso, Aleksander Lukashenko. También fue culpada por mostrar a la antigua Unión Soviética de una manera “poco heroica”. Pero muy lejos de todo tipo de acusaciones, sus libros son de denuncia por encima del poder. Son libros que forman parte de un gran mural, en donde cada centímetro cuadrado está cubierto por historias verídicas que sacan lágrimas a cualquier ser humano.

 

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